porno gays
Fantasías húmedas
Ese martes de primavera salí de mi casa saludando a mi esposa. Debía ir a reparar un equipo de aire acondicionado a un barrio privado de las afueras de la ciudad.
Grande fue mi sorpresa cuando el dueño de la casa me abrió, ese hombre alto y moreno, que sólo llevaba una toalla en la cintura. Siempre había imaginado experimentar momentos de sexo gays con gente de mi edad, pero nunca me animé. Sin dudas él era uno de los más bellos especimenes con que me había cruzado, y no hubiese dudado en practicar sus fantasías de sexo gays con él si así me lo pidiera.
Por desgracia sólo me ofreció un refresco y me dijo que estaba por ir a ducharse. Le dije que no se preocupara, que yo haría mi trabajo.
Lo vi entrar al baño desnudo y percaté que dejaba la puerta entreabierta. No pude evitar las imágenes de sexo gays que se me cruzaron por la cabeza.
Cuando pasaron unos minutos desde que el agua se sentía correr, me abalancé sobre la puerta y pude ver su torneado cuerpo enjabonado. Era una de mis escenas favoritas en las películas de sexo gays. Se me puso dura al instante y empecé a masturbarme. En ese momento parecía no haber nadie en casa, aunque poco me importó.
Él se movía de una manera que parecía saber que lo estaba observando, y empezó a masturbarse hasta que acabó, casi al mismo tiempo que yo.
Me apuré a volver a mis tareas y sólo volví a verlo cuando me pagó y me despidió. Pero sin dudas, fue uno de los momentos de sexo gays más calientes que he tenido en mi vida.